Después de insistirle tanto a Letty que se tomara el té para que se relajara, finalmente lo hizo. Me dejó tranquilo que con mi cariño y mimos se quedó dormida, ahora ella descansaba como un ángel en mi cama.
La decisión estaba tomada y no había vuelta atrás, la llevaré conmigo a Los Ángeles. Sé que allá estará mucho mejor y de hecho confío más en un pronóstico médico de uno de mis colegas.
Además, no quería seguir arriesgando a Letty en Nueva York con su padre suelto, no me perdonaría que Le