Moría por besarla y que ella me dijera que no sabía cómo hacerlo, fue el detonante de todo mi autocontrol. Sin perder el tiempo la aseguré entre mis brazos y la besé, lento y pausado, quería darme el tiempo de degustarla a mi antojo, de besar sus suaves labios, de saborear su exquisita boca con sabor a chocolate y saberla mía por completo.
Ella me seguía el paso un poco torpe, me transmitía su miedo, como también me hacía saber con su agarre firme en mi camisa que no quería alejarse de mí. Cuan