Adele levantó una ceja y se fue. Se quedó ahí parado, sintiéndose un payaso. Francis sonrió satisfecho y se levantó para irse a la cama; la niña estaba demostrando coraje. Pero Lucas, además de sentirse un payaso, se estaba muriendo de celos y rabia. ¿Cómo hizo para engañarlo tan fácilmente? Era la costumbre: él le reclamaba, ella lo cuestionaba y él argumentaba que era su hermano para defenderse.
Sara se paró a su lado y lo tomó del brazo, con un tono condescendiente le dijo:
- Vamos, Lucas, Ad