La forma en que se veía, la rabia en sus ojos, la voz enojada y esas respuestas desvergonzadas; todo hizo efecto sobre él. Le ardía el alma y el cuerpo. Subió también, pasó por su cuarto y se detuvo unos momentos antes de continuar. Sara dormía, pero no le importó. La despertó a besos y caricias apuradas, cargadas de ganas. A ella no podía tocarla, pero a su prometida sí. Solo debía cerrar los ojos e imaginarla.
La situación había escalado, Adele estaba diferente. Se comportaba y hablaba difere