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—Toma —le entregó a Cara su teléfono celular y lo puso debajo de sus sábanas—, espero que no te lo pillen.
Cara solo asintió, al momento en que Astrid la abrazó para despedirse, una lágrima rodó por su rostro magullado todavía.
—Gracias, Astrid. No sé qué sería de mí sin ti.
—No te preocupes, cariño.
Una vez más, el oficial entró a la habitación, y ella le hizo gestos a Cara de que ocultara bien su teléfono cel