La vida no es siempre una cuestión de tener buenas cartas, sino, a veces, de jugar bien una mala mano.
Jack London
Fue un milagro que Theresa pudiera dormir algo la noche anterior tras haberse acostado tan furiosa. Menuda desfachatez la del desquiciado de Leopold venirle a exigir sus derechos de esposo, pero al recordar la forma que se había hecho respetar hizo que se le pasara la mayor parte del enfado, una sonrisa apareció en su rostro al recordar el miedo que miró en el Barón al ver su mano