—¿Quieres ir a mi casa? —me mira—. Karla está horneado algunas galletas y estoy seguro de que a Milena le encantará que nos acompañes
—Tengo que llamar a mi mamá —le digo moviendo mi pierna nerviosa.
—Si, no te preocupes. En cuanto llegamos te presto mi celular y la llamas.
—Gracias, por todo —le digo avergonzada
—No te preocupes —sonríe— ¿Te duele?
—Si, un poco —murmuro
—Te daré hielo. Si querés te acompaño a hacer la denuncia, no debes permitir que pueda acercarse a ustedes
—Si, eso estaría b