32. Ven conmigo
Malcom
La cara de Juls ahora mismo no tiene precio. Luego de haberla llevado al restaurante, pensé que iba a ser complicado superar esa impresión, pero viendo ahora cómo sus ojos están brillantes y su sonrisa enorme ocupa todo su rostro, veo que me equivoqué.
Ella parece vibrar de la emoción y el solo hecho de verla así me tiene sonriendo como un idiota, mientras la tomo de la mano y nos guio hacia donde está el yate que me encargué de reservar.
Hace mucho tiempo que no hacía este tipo de cosa