Capítulo 18.
El pueblo entero, por extraño que parezca, siempre estaba puntual en el evento de cada año.
Quizá querían estar en primera fila y no perderse de la diversión.
Y no me refería a que donar dinero fuera tan emocionante como sonaba, sino que cada año como por tradición algún chisme jugoso salía de aquí.
El año pasado nos enteramos de que mientras la esposa del carnicero subía al podio a subastar una bonita manta tejida a mano, su marido estaba detrás del escenario "enseñándole el menú" a la vecina