Epílogo.
Un oso. (Día de la unión del Alfa)
Stella había llegado unos minutos antes al lugar y me puso a custodiar el pastel para que, y cito, "dure más de cinco minutos en las golosas manos de tu manada".
Era un honor y un privilegio ya que sabía que Stella pagaba los favores con cualquier delicia horneada que pidiéramos.
Había sido así desde que la conocí y decidí seguirla para protegerla de cualquier peligro. Esas manos nunca deberían de ser lastimadas por nada del mundo; era una lástima que fuer