Mundo ficciónIniciar sesiónCandace iba muda. No podía ser. Todo esto tenía que ser mentira. No podía ser.
Se detuvo en su camino y miró la fachada de la mansión. Sus hermanas no paraban de cotorrear hablando mal de Abigail, diciendo que era una presumida, que ahora que lo tenía todo se sentía por encima de ellas, que siempre habían sabido que no era ninguna tonta, y, por el contrario, era dueña de una mente siniestra y calculadora.







