Mundo de ficçãoIniciar sessãoCandace entró a su habitación con los hombros caídos, mirando en derredor su preciosa habitación, pero sintiéndose miserable.
—¿Eres tú, Candy? –preguntó su marido, y ella hizo un sonido de asentimiento. Él estaba en el cuarto del guardarropa, seguramente.
Se sentó en el filo de la cama mirando al vacío.
No habían conseguido nada yendo a la casa de Abigail. El propósito







