Mundo de ficçãoIniciar sessãoMaurice abrazaba a Agatha, y nada que la soltaba. Tenía su cabeza apoyada en el hombro de la anciana y ella le paseaba la mano por la espalda.
—Estoy bien, estoy bien –le decía, pero al parecer, no era suficiente; él no la soltaba—. Tu mujer se va a poner celosa—. Eso lo hizo reír, y al levantar la cabeza, le vio los ojos húmedos—. Niño tonto, ¿acaso me he muerto?
—Si no te cuidas, morirá







