- ¡Eres increíble, chuchu!
Sí, lo era. Siempre tenía soluciones para todo, aunque fueran ridículas. Intenté besarla, pero ella apartó la cara. ¿Por qué coño me había negado a besarla durante tanto tiempo? Ahora me iba a hacer sufrir el resto de mi vida, suplicándome un beso.
- Déjame llevarte a casa.
- ¡No!
- Dices mucho "no". - Bromeé.
- Aprendí de ti.
- Ahora déjame ir, por favor. Puedes coger un taxi. Pero no olvides que es tarde y podrías tener la mala suerte de encontrarte con un conductor