En cuanto me desperté, tardé un rato en darme cuenta de dónde estaba. Ah, sí, me había casado con Gabe Clifford, un hombre guapísimo con los ojos azules más bonitos que jamás he tenido el placer de ver, y se había marchado en nuestra noche de bodas, dejándome soñando con el ansiado "polvo".
Miré y vi el portarretratos con la foto de Jorel Clifford y yo, sonriendo felices en un crucero.
- Podríamos haber sido los dos, ¿verdad, hermanito Clifford? Creo que nos habríamos llevado bien -le suavicé l