No entramos en la casa. Aquella noche nos quedamos en la arena, hablando hasta que salió el sol. Y lo que iba a ser uno de los peores momentos de nuestras vidas fue una vuelta al pasado, de los tres juntos otra vez.
Hablamos de varios temas, nos reímos, nos divertimos y ya no hubo lugar para las lágrimas ni la tristeza. Porque así era cuando estaba con ellos: amor, complicidad y todo un mundo de posibilidades.
Y ahora que teníamos un plan, nada nos entristecería. Le había dicho a Gabe que hicie