Me bajé la falda para defenderme. Inmediatamente me vino a la mente mi infancia. La cara de aquel hombre era idéntica a la de los borrachos que frecuentaban la casa de una mujer que me cuidaba cuando yo tenía seis años. Ella me dejaba en el patio cuando entraban en casa, para que no corriera el riesgo de ver nada. Además de tener la mala suerte de que se me metieran con los viejos y los borrachos, me pegaban de vez en cuando y seguía sin cobrar. Le limpiaba las heridas. Fue esa mujer la que me