Estaba tan envuelto en aquella mujer que me alegraría tenerla a mi lado aunque estuviera atada. Pero no quería que me ignorara, como estaba haciendo ella en ese momento. ¿Cómo podría hacer que sus ojos volvieran a brillar? Ni siquiera me regaló una sonrisa, de esas que hacían que el mundo entero cobrara sentido sólo por ver sus dientes y su alegría en un día en el que no había nada especial, pero se convertía en tal simplemente porque ella existía.
- La llevaré a casa. - Lo dejé claro.
Maldita