La cena no fue lo que esperaba, ya que pensaba que nos llevábamos bien. Pero podría haber sido peor. Al menos Gabe cenó conmigo, por primera vez en tres meses.
Cuando Gabe salió de la cocina, fui tras él, insegura de lo que haríamos y de "si" haríamos algo juntos. Miró el cuadro que había colgado en la repisa de la chimenea, un montaje de nosotros dos en una boda, y ordenó:
- ¡Llévate esto!
- No puedo.
- ¿Por qué no?
- Porque esta casa es totalmente impersonal. Nuestra foto es lo que da la cert