Llevaba demasiado tiempo dando vueltas por mi habitación. Cada intento por distraerme terminaba exactamente en el mismo lugar: Sebastian.
Desde aquel casi beso en el Maybach había levantado un muro entre los dos. En la oficina apenas me dirigía la palabra y, al regresar a casa, encontraba cualquier excusa para encerrarse en su despacho. Respetaba las condiciones que yo misma había impuesto con una disciplina casi desesperante y, aunque sabía que eso era exactamente lo que había pedido, su dist