Un suave y delicado roce, no solo me provocó cosquillas por mi cuello, sino también logró despertarme. Aturdida y sintiendo una punzada de dolor en la cabeza, abrí los ojos lentamente, pero no estaba ni un poco preparada para ver a ese demonio tan cerca de mi rostro, viéndome con una fijeza que incrementó los latidos de mi corazón.
Quería gritarle que se alejara de mí y nunca más se acercara, pero las palabras no salían de mi boca. Sentía la garganta seca y que me ardía con tan solo intentar pa