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Nina llegó a la mansión y esperó en la sala a Diana. Cuando ella bajó, la encontró con los ojos enrojecidos. Ella había estado llorando.

—Tú tienes que parar esto —dijo ella, y Diana sólo la miró a los ojos—. ¿Sabes lo que ha sufrido Daniel por tu culpa? ¡Detén esto! ¡Sólo lo harás más infeliz de lo que ya es!

Diana respiró profundo

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