Nana Muffin.
El chasquido sordo de esa rama partiéndose en la oscuridad no fue un simple ruido de la naturaleza; fue un latigazo directo a mis nervios que me congeló la sangre en las venas. El aire de la madrugada, que ya de por sí era helado, pareció volverse de pronto tan espeso como el plomo.
Smith reaccionó con la velocidad y la frialdad de un reptil. No hubo titubeos en su cuerpo, ni una pizca de la vacilación que se esperaría de un hombre de campo. Con un movimiento seco, fluido y peligro