Nana Muffin.
Ya pasaba de la medianoche cuando el sonido seco de la cremallera de mi última maleta de cuero dictó el final de mi labor de empacar.
Me erguí despacio, Sintiendo un dolor sordo en la espalda que no era más que el peso de los años, pero sobre todo, el peso de una indignación que me quemaba las entrañas como ácido puro. Con un movimiento firme, Bajé la maleta de la cama y la dejé a un lado, junto a las otras dos, perfectamente alineadas cerca de la puerta, listas para partir a prim