Andruw Di'Marco.
Esperé a que la respiración de Scarlett se volviera profunda.
Esperé a que su cuerpo se relajara y se entregara por completo al sueño. Fue un proceso lento, una batalla silenciosa contra los demonios que la habían estado atormentando durante tanto tiempo. Pero finalmente, su pecho comenzó a subir y bajar con un ritmo regular, y sus dedos, que aún se aferraban débilmente a mi camisa, se aflojaron.
Me moví con una delicadeza que no sabía que podía poseer. La levanté en brazos, si