Marcos
Alcanzo a Natasha al final de la calle, pero me contengo. Espero que nadie me esté mirando y piense que soy un acosador. Su lenguaje corporal demuestra claramente que, sea lo que sea que haya pasado, le está pasando factura. Entra en nuestro edificio de oficinas, sin apenas prestar atención al personal de seguridad nocturna, antes de dirigirse a los ascensores. La observo por la ventana mientras llama frenéticamente al ascensor, con los hombros hundidos de alivio al ver que llega. Cuando