Marcos
El conserje me llamó para informarme que las cosas de Natasha habían sido entregadas y que ya estaba en el edificio. Sin darme cuenta, ya estaba fuera de su apartamento. Tuve que desviar la mirada cuando abrió la puerta, con el pelo recogido en una coleta despeinada, las caderas ceñidas bajo unos vaqueros ajustados y desteñidos, y el suéter holgado con hombros al aire dejando entrever su piel color marfil. Había desaparecido parte de la tensión que había estado acumulando toda la semana.