Me acerco a la puerta, la deslizo para abrirla y le permito salir.
Natasha avanza, aferrándose al borde del balcón mientras contempla la vista. Suspira y cierra los ojos un instante. Al abrirlos de nuevo, sus ojos se encuentran con los míos. Le hago un gesto para que me siga mientras la acompaño de vuelta a la sala de estar principal y a través de otra puerta lateral. Esta da directamente a un vestidor, con un amplio espacio cerrado para colgar y colocar estanterías.
“A la izquierda está la sui