116.
—Sí. No estaba en la mansión cuando ocurrió el ataque—dijo ella tomando asiento al otro lado del mostrador.
—¿Dónde estabas entonces?—Pregunté.
—No es de tu incumbencia— respondió ella rápidamente, mirándome.
Sostuve mis manos arriba en son de paz, ni quería discutir ni tenía energía para hacerlo, solo quería un poco de paz, estabilidad, ambas me habían sido arrebatadas de una manera que sigo sin poder comprender.
—Lo que sea. Actúas como si tu respuesta fuera relevante, me importa un carajo