106.
Mientras los asesinos se acercaban, doblé la esquina y dejé volar mis disparos.
Me puse a cubierto pero logré derribar a cuatro, cayendo al suelo y rodando hacia uno de sus cuerpos. Los recogí y los usé como escudo humano mientras se disparaban más tiros. El cuerpo se sacudió con la fuerza de los golpes y la sangre salpicó mi cuerpo, pero yo solo
Me la tragué y levanté la cabeza, tratando de disparar a los otros dos.
Me las arreglé para darle a uno y cayó con un gemido de dolor.
Estamos siendo