Tim, el chofer de Cathy Black, estaba empapado en sudor bajo su delgada camisa de algodón. Agarraba el volante con tanta fuerza que los nudillos se le tornaron blancos. Desde el asiento trasero, sentía cómo la mirada helada de Cathy le perforaba la nuca.
Tras recibir la llamada de alerta de Bernard, Tim había intentado mentalizarse para lo peor, pero la situación actual sobrepasaba cualquier cosa que hubiera imaginado.
Pisó el acelerador a fondo y comenzó a esquivar con audacia el tráfico que at