Por un breve momento, el silencio absoluto envolvió la sala.
Todos se quedaron congelados, mirando a Álex, aturdidos por la imprudencia de sus acciones.
La Señora Henny no era cualquier persona. Era un pilar de la familia Montclair, una anciana respetada cuyos cada movimiento era recibido con admiración y reverencia.
Faltarle al respeto era impensable.
Florence rompió el silencio primero:
—¿Has perdido completamente la cabeza, Álex? ¿Cómo te atreves a humillar así a la Señora Henny?
Los ojos de