—¡Perra mentirosa! —rugió Gilbert, su rostro retorcido de rabia mientras su mano se lanzó, golpeando a Sofía tan fuerte que se estrelló contra el suelo, su cuerpo desplomándose dolorosamente.
—¡Cómo te atreves a pararte aquí y hablar de amar a otro hombre! ¿Estás tratando de morir? —escupió viciosamente, sus ojos ardiendo de furia.
Álex no pudo contenerse más.
La ira corrió por sus venas, propulsándolo hacia adelante hasta que se paró a centímetros del rostro arrogante y burlón de Gilbert.
—¿Qué