Charles le mostró a Álex una sonrisa altiva y venenosa, sus ojos brillando de diversión siniestra.
Con un chasquido arrogante de dedos, un pequeño dron zumbó a la vida, circulando amenazadoramente sobre sus cabezas.
—¿Reconoces este juguete, Álex? —se burló Charles, su voz goteando condescendencia.
Álex apenas miró el dron, poco impresionado.
—No importa —gruñó, y con una sola mirada helada, el dron tartamudeó y se estrelló en el concreto frío.
Pero antes de que Álex pudiera saborear su pequeña