En la modesta clínica, Álex soltó una respiración lenta y silenciosa, el peso en sus hombros disolviéndose en el aire estéril como niebla al amanecer.
Terminó la llamada con el tipo de calma que solo viene de la repetición: cada silencio después aterrizando exactamente donde había estado tantas veces antes, en las esquinas adoloridas de heridas viejas.
Ella siempre destrozaba la calma como si estuviera hecha de vidrio: cada palabra suya una chispa, cada conversación una tormenta.
Y aún así, algu