Cuando entró a la sala, todas las miradas se clavaron en ella.
Era el peor momento posible para ser el centro de atención.
Rápidamente escondió la tarjeta bancaria tras su espalda, rogando que nadie la viera.
El rostro de Abraham se torció con disgusto mientras la miraba fijamente.
"¿Dónde te habías metido? ¿Por qué no recibiste a tu esposo como te dije?"
Sofía se enrojeció de vergüenza, deseando que la tierra se la tragara.
Con voz apenas audible, murmuró, "Ya lo hice, abuelo."
"Es cierto, abue