En una hora, Álex se dirigió de vuelta a su clínica maltratada, su cara tallada con tensión en el momento que vio la puerta del frente colgando entreabierta, su marco astillado por fuerza bruta.
Cuando empujó la puerta chirriante a un lado, la furia explotó en sus ojos—todo el lugar yacía en ruinas, como si un huracán de violencia hubiera desgarrado cada rincón, dejando nada más que escombros y rabia atrás.
Cajas de medicina estaban esparcidas por el piso sucio, estantes volcados, viales destroz