Se intercambiaron miradas cautelosas, cada persona sin saber cómo reaccionar.
Minutos antes de que llegara Álex, Jack había gritado lo suficientemente fuerte como para que la mitad del hospital lo escuchara:
—No me importa si fueron demonios o malditos dioses los que lastimaron a Sofía, los mataré a todos. Quemaré el mundo entero si es necesario.
Los demás se sumaron, la fanfarronería creciendo como una marea:
—¡Así es! Daré mi vida si eso es lo que se necesita.
Pero en el momento que se entera