El metal golpeó contra el concreto y rompió el silencio cuando la puerta pesada se abrió rechinando. Una luz dura se prendió de repente, lastimando los ojos de Álex y Sofía hasta que los cerraron. Sus corazones latían rápido en esa oscuridad que olía mal y sofocaba, pero Álex se veía tranquilo, casi como si nada le importara.
Un tipo grande de hombros anchos entró caminando pesado, con una panza como de comercial de cerveza. Se tiró en una silla vieja junto a la mesa, prendió la lámpara y se ace