—¿Crees que me asustas solo porque me retas a un combate a muerte? Puedo ser joven, pero no temo arriesgar mi vida con alguien como tú.
Sus palabras audaces contrastaban totalmente con el hecho de que tropezó hacia atrás, casi cayéndose. Si alguien se fijaba, notaría lo mucho que le temblaban las manos.
Sofía, intentando calmar la tensión, alzó las palmas. — Miren, no hay que exagerar esto. ¿Podemos hablar y aclarar lo que pasó antes de que empiecen los golpes?
El hombre de blanco arqueó una ceñ