—Álex, ¿qué demonios te pasa? Sí, salvaste al abuelo, bravo por ti. ¡Pero eso no te da derecho a tratarnos como basura! —escupió Florence, temblando de rabia.
Miró a Sofía, con un destello de preocupación en los ojos, pensando, “Si Álex se atreve a hablarle así a mi hija, ¿cuánto falta para que pisotee a toda mi familia?”
—¿Crees que somos inferiores solo porque el abuelo te debe la vida?
Álex respondió con un resoplido despectivo. —Al menos yo hice algo. Ustedes se quedaron cruzados de brazos m