Tras incontables horas de oscuridad, los ojos de Álex finalmente se abrieron poco a poco.
Un dolor sordo le recorría todo el cuerpo.
—Álex, ¿estás despierto?
El alivio en la voz de Kelly resonó en las paredes estériles del hospital. Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas, y antes de que pudiera reaccionar, se aferró a él en un abrazo feroz.
—Me asustaste hasta la muerte —susurró con voz temblorosa—. No vuelvas a hacer algo así.
Álex soltó una risa débil mientras intentaba acomodarse mejor.
—