Alfred había regresado a su mansión rebosante de alegría tras recibir la noticia de que su hija finalmente había sido curada.
Estaba profundamente agradecido por la ayuda del Maestro Alex, y ya meditaba qué regalo podría ofrecerle en señal de gratitud.
Sin embargo, nada más entrar, lo primero que presenció fue a su hijo gritando como un loco a los guardias para que golpearan a Alex.
Un sudor frío cubrió su frente, y su corazón pareció congelarse instantáneamente.
Sabía perfectamente que Alex ten