En la entrada de la mansión, el mayordomo se inclinó ante Alex, con una postura que irradiaba un respeto absoluto.
"Lamento las molestias. No se lo tome a mal", le dijo con suavidad.
"No te preocupes", le respondió Alex.
De pronto, dos guardaespaldas irrumpieron corriendo.
"¡Deténgase ahí y regrese con nosotros a la habitación, o te disparamos!", rugió uno, llevando las manos hacia sus armas.
Sin titubear lo más mínimo, el mayordomo golpeó a ambos guardaespaldas directamente en el rostro.
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