Jack se reclinó en su silla, sonriendo con suficiencia como un depredador que ya había atrapado a su presa.
—Podrías empezar a desvestirte de una vez, bastardo quebrado. Cuando llegue ese maestro del vino, vas a estar corriendo por la calle completamente desnudo. Y si no lo haces, me aseguraré de que cojees por el resto de tu vida.
Álex dejó escapar una risa seca.
—Realmente no deberías contar los pollos antes de que nazcan. Es vergonzoso verte regodearte tan pronto.
Antes de que Jack pudiera re