Algunos invitados dudaron, con sus expresiones divididas entre el miedo y la culpa, pero otros se acercaron a Álex, murmurando que sería más fácil apaciguar a los Drake entregándolo.
—¿Qué pasa? ¿Asustado? —se burló Jason Paige con una sonrisa presumida, su voz goteaba arrogancia.
—Ya que no tienes agallas, ¡ponte de rodillas e inclínate ante mí! Tal vez, solo tal vez, te ayudaré a suplicar perdón a Harlan Drake, si me pones de buen humor.
Otra voz intervino, incitándolo. —¡Sí, deja de estar ahí