Álex se puso de pie, con preocupación brillando en su mirada.
—Bien, me marcharé ahora. Elizabeth, necesitas descansar.
Jasmine también se levantó. —Te acompañaré —comentó, luego se volvió hacia la anciana.
—Nana, por favor no te preocupes por Charles. Tú también deberías descansar.
Elizabeth cerró los ojos, dejando escapar un suspiro cansado.
—Tienes razón, niña. No es como si después de todos estos años no conociera su temperamento. Tal vez es mi culpa por haberlo consentido demasiado.
Mientra