En un estado aturdido, como de ensueño, Álex sintió que todo su cuerpo se remodelaba, cada célula se perfeccionaba meticulosamente.
Fue como volver a nacer.
Un destello de asombro surgió dentro de él; eso, entendió, era el verdadero regalo de alcanzar el nivel 100: un fragmento de inmortalidad incrustado en su propio ser.
Pero con esa oleada de poder llegó una inundación de recuerdos que había olvidado hace mucho; imágenes de una escena de su infancia regresaron a él, borrosas al principio.
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