71. ¿QUIÉN ES EL ESCLAVO DE QUIÉN?
NARRADORA
Subió un brazo para agarrarse del musculoso cuello de Damon, elevó la cabeza y se fundieron en un beso desesperado, jadeante y excitante, como toda esta locura.
En esta ocasión no estaba drogada ni confundida.
Disfrutaba de ese hierro ardiendo en sus entrañas, entrando y saliendo, tocando ese punto que la enloquecía, llevándola a las alturas.
Sus tetas siendo comidas a lengüetazos, una y otra vez atormentadas por los caninos que acariciaban peligrosamente su piel.
Afuera, nubes de tor