32. CASTIGO INMERECIDO
NARRADORA
En el claro imperó otro caos.
Las panteras detectaron también el peligro inminente y se marcharon heridas, dejando atrás los cadáveres de sus compañeras caídas.
Damon escuchó el rugido frenético de la estampida.
Corrió hacia el pino donde estaba Soren, que ahora se bamboleaba con violencia.
—¡Lánzate, Soren! —le gritó, y el chico no dudó un segundo en arrojarse a sus brazos.
Damon lo agarró al vuelo, comenzando a correr como un demente entre la arboleda.
Las bandadas de pájaros volaba